viernes, 5 de octubre de 2012

Entrevista al inventor Alpujarreño D. José María Carretero Álvarez

Don José María Carretero Álvarez tiene patentados más de cuarenta inventos.

Desde el “Hidromotor” para aprovechamiento de movimientos ondulatorios de las masas de agua, hasta una máquina de coser, pasando por el “Derivómetro” y la bomba automática para elevación de agua.

Hace algunas semanas vimos expuesta en un escaparate madrileños, en plan exhibición, no de venta, puesto que se trataba de un prototipo, una curiosa máquina denominada “reproductora de figuras escultóricas”. Se trataba, dicho en lenguaje vulgar, de un ingenioso mecanismo apto “para calcar” volúmenes.

Nos interesó la máquina como curioso exponente de la capacidad creadora y el ingenio de un hombre, y por el hilo de ella llegamos hasta el ovillo de su inventor.


Se trata de don Emilio Carretero Álvarez, natural de Laroles (Granada) y avecinado desde hace unos años en Madrid. El señor Carretero, que tiene en la actualidad  cuarenta y nueve años, ha dedicado la mayor parte de su vida, casi desde que era adolescente, a convertir en realidad las creaciones de su fantasía, creaciones encaminadas algunas de ellas a resolver importantes y viejos problemas, y otras, sencillamente a logro de la economía o de la comodidad o de amabas cosas a la vez,  por procedimientos mecánicos.

Del acierto con que ha orientado su actividad responden realidades: En el Salón de Inventores de Bruselas del año pasado, el señor Carretero obtuvo dos medallas de oro, una de plata y otra de bronce para cuatro de sus invenciones: Una bomba de funcionamiento automático, que además de la medalla de oro mereció una felicitación especial del jurados; la maquina reproductora de esculturas a que acabamos de referirnos; una máquina de coser y otra para facilitar los cambios de moneda.

Su primer invento data de cuando tenía dieciocho años. Era una doble compuerta que permitiría salvar en dos cápsulas a toda la tripulación de un submarino hundido.

Había ocurrido un hundimiento del que la Prensa informó detalladamente. Se sabía que todos los tripulantes del submarino que yacía en el fondo del mar averiad, habían quedado con vida, porque los buzo lograron comunicarse con ellos por medio de golpes de martillos en el casco del navío. Y, sin embargo, no pudo evitarse que todos perecieran por imposibilidad de facilitar su salida.

El suceso impresionó tan profundamente al señor Carretero que inmediatamente se puso a idear un sistema que en tales casos permitiese a la tripulación abandonar el submarino y salir a flote. Durante tres mese hizo prácticas de submaniron español, y finalmente dio fin a su invento. Por cierto, que ahora relata dolorido que esa su primera invención le ha reportado muchas contrariedades.

Don Emilio Carretero es maestro nacional, y ejerciendo magisterio en la Rambla del Banco, de Cádiar (Granada), construyó un aparato de su invención para que los alumnos aprendiesen topografía. De aquel primitivo aparato, sin más objeto que enseñar a los muchachos a manejar mapas y a “moverse” por ellos, nació un “registrador automático de  rutas”, ya probado con éxito ante algunas autoridades militares. Este aparato, instalado en un vehículo que marcha a ciegas va registrando puntualmente en un mapa todo el recorrido efectuado. Las pruebas se realizaron en un carro de combate.

Más tarde un amido suyo, medico, habló ante él de los conveniente que sería para la cirugía contar con algún instrumento que permitiese practicar suturas en ciertos “parajes” de la anatomía humana, inaccesibles a las manos del cirujano. Y nació su “Pinza hemostática para anudar a distancia”.

He aquí algunas de sus invenciones más estimadas: El Derivómetro (registrador automático de rutas que ya hemos descrito); la máquina reproductora de figuras escultóricas, de la que también hemos habaldo; una autobomba para elevación de agua (esta bomba recibe agua a una altura inferior de donde se encuentra el deposito o corriente y eleva a doble altura la mitad del agua que recibe, ya que consume la otra mitad se consume como fuente de energía); el Hidromotor, un mecanismo que produce energía por medio de unos flotadores que trasmiten sus movimientos a un juego de poleas, y de un colector de fuerzas; una máquina de coser, de menos de quinientas piezas, que en opinión del inventor es de fácil construcción, robusta, sólida y económica ; un cerrojo de seguridad; una máquina para cambios de moneda y otra expendedora de sellos; dos modelos de persianas que dejan pasar el aire, pero no la luz, etcétera.

El señor Carretero nos ha contado que cuando vio decididamente inclinada su vocación hacia la vertiente de la inventiva, amplió estudios en Física y Mecánica, abandonó el Magisterio y se dedicó de lleno a planear y construir sus prototipos.

Le hemos preguntado acerca de cuál es su invención favorita.

-El Hidromotor- responde-; es un increíble fuente de aprovechamiento de la energía latente en los movimientos ondulatorios del agua. He realizado hace seis años pruebas en el Mar Menor, con un aparato construido por mí con seis flotadores de poco más de veinte litros de capacidad cada uno, y llegué a producir 800 watios de energía. Si yo tuviese una csa junto al mar –concluye- con un pequeño hidromotor, produciría energia para todos los usos domésticos

-¿Cuál es, señor Carretero, el invento que le ha proporcionado más dinero?

-Ninguno me ha producido aún dinero en cantidades importantes. Mi único beneficio hasta ahora es el que me ha reportado la venta de algunas patentas, y los premios obtenidos en exposiones y otros certámenes.

- ¿En cuál de ellos tiene usted más confianza para el futuro?

- En la autobomba y la máquina de reproducir esculturas.

- ¿Piensa usted seguir inventando?
Ríe.

-Pienso seguir experimentando que no es lo mismo… Y patentando lo que merezca la pena.

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