viernes, 5 de octubre de 2012

Moros y Cristianos

MOROS Y CRISTIANOS EN LA ALPUJARRA 

Las dos partes en que se divide la fiesta están separadas generalmente por un descanso de duración muy variable, entre la brevedad de unos minutos hasta 24 horas, si bien hay muchas localidades en que la primera parte se hace por la mañana y la segunda por la tarde.
En cuanto al espacio festivo, es bastante variado: Siempre es al aire libre, y lo más típico es que se celebre en la plaza principal del pueblo, donde suele ubicarse el grueso de las fiestas, pero en otras se sale a las afueras: a una era, a un descampado, al lecho de un río, etc. No hay escenario para los actores (excepto en Albondón) y los espectadores no tienen en ningún caso asientos ni lugar concreto asignado; observan desde donde pueden: balcones, terrados, árboles y, sobre todo, alrededor de la función e incluso, entrometiéndose en ella.
La participación de los vecinos del pueblo suele ser amplia.Pero los protagonistas reales son generalmente hombres jóvenes, si bien no es rara la participación de los mayores. Los personajes principales de cada bando son rey, general, embajador y espía, si bien no es rara la ausencia del rey, sobre todo cristiano, siendo, en este caso el general el personaje de mayor autoridad.
Las tropas están integradas por jóvenes y niños, pero con importante participación de personas mayores. Aquí es donde está apareciendo el  sexo femenino, compuesto por niñas y adolescentes, que en algunos casos demuestran gran marcialidad cuando integran las tropas cristinas.
En cuanto a los personajes principales, es escasa la presencia femenina. Yo solo conozco un caso, en Laroles, donde una mujer, Sara Martín, “echa relaciones”, por cierto que muy bien.
En algunas funciones existen otros personajes secundarios, generalmente graciosos, como el Mahoma, los diablillos o los espías algunos para rellenar entreactos.
Estos papeles se reparten sin norma concreta; suele haber un acuerdo con los mayordomos, organizadores de toda la fiesta, para la interpretación de  los personajes principales o ellos son quienes buscan a los actores de entre los varios expertos en cada uno de los papeles que existen en cada pueblo. En cuanto a la tropa, es generalmente de participación espontánea. Hoy suelen ser personas del pueblo, sin ninguna significación social, dándose frecuentemente el caso de coexistencia entre gentes de distinto nivel sociocultural, pero tradicionalmente han sido personas de clases modestas, muchas veces analfabetos que han necesitado aprenderse de memoria el texto oído de sus antecesores. En algunos casos los personajes principales cristianos han sido hombres de clases más acomodadas, mientras que los moros, sobre todo las tropas, han sido de clases más modestas, a veces porque vistiéndose con tal atuendo durante todas las fiestas, se ahorraban el coste de la ropa nueva que suelen estrenar para esos días, comiendo y bebiendo a costa de la organización.
La gran diferencia de prestigio entre el cristiano y el moro, hizo antaño que el primero siempre fuese gente de mayor consideración social dentro de la comunidad. Este tiene un papel más marcial y ordenado, mientras que el moro es más anárquico, por lo que es más propio de gentes más alegres. En la actualidad, estas diferencias se están invirtiendo: los jóvenes ha perdido la antigua mentalidad belicista y el militarismo asociado a los valores masculinos.
La parte recitada de la función constituye lo sustancial de la misma y se denomina «relaciones». Los textos son generalmente anónimos y los actores los saben de memoria, habiendo sido costumbre que los aprendieran por tradición oral, si bien la mayoría de los pueblos disponen hoy de un texto escrito, que se utiliza en los ensayos y para que los nuevos actores vayan aprendiendo previamente el papel. De los textos primitivos poco debe quedar en la actualidad, pues muchos se han perdido, y todos han sufrido numerosos retoques, incluso sustituciones, además del desgaste propio de su transmisión oral.
El esquema es el mismo en todos los pueblos, existiendo, incluso frases y a veces grandes párrafos coincidentes en los textos de varia localidades, sobre todo los más cercanos entre sí, lo que hace pensar que algunos de ellos pueden tener un origen común o se han producido plagios: los moros, a través de su embajador, inician un parlamento en el que piden les sean entregados plaza, castillo e imagen, aludiendo a su derecho histórico. Los cristianos se lo deniegan, en medio de conversaciones llenas de bravatas y exaltación de sus respectivas religiones. En la segunda parte, el santo, la plaza, los símbolos y algunos prisioneros están en manos de los moros, que ocupan el castillo; los cristianos se lo reclaman con amenazas hasta que vuelve a producirse la batalla. Durante ella, los moros observan la intervención sobrenatural que les hace reflexionar, produciéndose la rendición y la conversión, hermanándose todos. En los casos en que la función tiene lugar intercalada con la procesión, ésta vuelve a la iglesia acompañada por todos los participantes en la función juntos, pues “ya son todos cristianos”.
La indumentaria de los participantes es una de las cosas más encantadoras, para mí: la de los que hacen de moros se presta bastante a la imaginación, suele ser: pantalón blanco, camisa blanca y capa de diversos colores: rojas, azules o amarillas y con adornos variopintos. En los del bando cristiano se utiliza ropa militar, generalmente del siglo XIX, en los personajes principales y de soldado regular actual en la tropa, aunque no es extraño encontrar uniformes actuales, generalmente de gala en algunos pueblos. Este anacronismo puede explicarse si se acepta el origen de estas funciones en los alardes, las soldadescas o desfiles de las que las milicias concejiles celebraban en las ocasiones festivas con el fin de mantenerse en forma y disparar sus armas periódicamente, para lo cual, naturalmente, usaban los trajes militares de su época, costumbre que ha ido transmitiéndose hasta nuestro día. Incluso en pueblos como Válor, que presume de utilizar una indumentaria más acorde con la época que se dice representar, hay  constancia de que en otros tiempos no ha sido así, pues en unas fotografías realizadas por Federico Olóriz en 1894 las tropas cristianas de Válor llevan uniformes como de las guerras de Cuba unos, y otros como de marineros.

1 comentario:

  1. Gracias por tan valiosa información, me parece muy interesante.

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